El lema que nos acompaña.
La draconiana situación nos obliga a cumplir con nuestra obligación, sin rechistar, es más, incluso alabando el poder hacerlo.
En cualquier caso, tiempos pasados no fueron mejores, y si no, la demostración tácita de la cita la tenemos en el dÃa de ayer.
Una nueva forma de esclavitud se pretende instaurar dentro de la maltrecha clase médica, empezando a horadarla desde su base, desde su inicio.
Si ya el acceso a la Facultad se ha traducido de un tiempo a esta parte en una epopeya digna de los mejores autores, la consecución final de la misma se traduce en un esfuerzo permanente y perpetuo por superarse y superar al compañero de pupitre, sólo y con la única idea de conseguir el ansiado tÃtulo que nos faculte para ejercer la profesión (Licenciados en Medicina y CirugÃa) pero con la salvedad presente y actual: no vale para nada si no pasas la criba.
Esa criba, el examen para acceder a la posibilidad de formación en una rama especializada de la Medicina, el conocido como MIR es el segundo obstáculo que los “sufridos” profesionales han de padecer.
Las espectativas han mejorado con el paso del tiempo hasta conseguir una “equidad” entre el número de médicos noveles y las plazas que se convocarÃan en los ejercicios anuales que el Ministerio de Sanidad y Consumo ofrece para ¿satisfacer? la demanda de la sociedad actual, pero la perversión del sistema obliga a pasar al 99% de los médicos recién licenciados por dicho tamiz si pretenden alcanzar la posibilidad de desarrollar su profesión dentro de un ámbito más especializado y a la vez obligatorio según la normativa actual.
3,4 ó 5 años, es la pena impuesta.
No todos alcanzarán su sueño de poder desarrollar la vocación que tuvieran en mente o sus deseos.
La frustación alcanza niveles no cuantificados, pero sà cualificados demostrando cuán perverso sigue siendo el sistema o por otro lado cuán inteligente, pues consigue colocar a los “menos” capaces a la cola del resto, situación que por otro lado sigue siendo malhadada, puesto que la finalización del periodo conferirá al “menos capaz” la posibilidad de esgrimir a la manera de un James Bond, un carnet con doble 0 (00).
El poseedor del mismo tendrá “licencia” al igual que el que esgrime una Walter PPk.
Pero pongámonos en el lugar más habitual: el profesional recién licenciado ha pasado su criba, ha podido obtener el derecho a recibir la formación para el aprendizaje y desarrollo de una especialidad que lo hará inmensamente feliz…
3, 4, ó 5 años.
Esa es la duración actual según nuestro sistema.
3, 4 ó 5 años que se convertirán en una “condena” donde el profesional será tratado con indiferencia, agraviado, malatendido y denostado, aparte de mal pagado.
Y ahora, gracias a las mentes preclaras de nuestros queridos polÃticos, serán “esclavizados”.