A raíz de las aportaciones realizadas en el blog del Dr. Gandolfi (el diario de un médico que está harto) por parte de uno de los participantes en él y como consecuencia de esa duda que muestra sobre qué hacer con su vida profesional, una vez que ha concluido su ciclo formativo superior de 6 años de estudios que suponen la Carrera de Medicina, se me ha ocurrido ampliar la información que le aportaba.
Con ello no pretendo ni dirigir las acciones de nadie, ni por supuesto alterar el natural devenir de su vida a partir de ese momento. Partimos de la base de que somos personas adultas, con un título en el bolsillo y un millón de preguntas.
¿Qué elegir?
La dura prueba a la que se ve sometida el recién licenciado en Medicina y Cirugía consiste en la preparación exhaustiva de una oposición nacional que dará acceso a la posibilidad de formación reglada en una de las múltiples especialidades médicas, formación que de desarrollará tanto en el ámbito hospitalario, como en el extrahospitalario así como en las escuelas de Medicina habilitadas para ello.
A mi juicio son 3 los parámetros que tendría que valorar el posible elector cara a su futuro:
1. Posibilidades de desarrollo profesional en la especialidad.
2. Grado de implicación que supondrá su profesión en su vida personal.
3. Vocación.
Por lógica el sistema no es justo, y eso conlleva el que haya determinadas especialidades que oferten un número muy reducido de plazas a nivel nacional para la formación en la misma, motivo que conllevará a que el punto 3 ocupe el lugar que alberga en la lista anterior.
Pero sí me gustaría insistir, así como lo hice en el blog referido anteriormente, en las dos otras premisas.
Actualmente la oferta de plazas se va incrementando día a día. Atrás quedaron los tiempos, que casi todos los que llevamos un poco en esto vivimos, de oposiciones masivas con mínima cantidad de plazas con lo cual la dureza de las mismas era si cabe mayor que hoy en día, aunque no sería honesto rebajar la dureza de las actuales, que aún siendo de la misma entidad que las anteriores, sí a mi entender, presentan una relación entre opositores y plazas ofertadas más acorde con los tiempos actuales, lo cual traducido a números implica una plaza para cada 2 opositores a grosso modo.
Ahora bien, un planteamiento que debería hacerse el novel médico es qué pasará con su vida a partir de ahora…
Recién acabados, nos comemos el mundo, pero el mundo terminará devorándonos a nosotros, y es que evolución natural obliga. Esto nos llevará en la mayoría de los casos a buscar la formación de una familia, que antes o después, se verá sometida a los bagajes del futuro especialista. Y eso, a mi entender, es un punto de vista que no debe ser desdeñado alegremente: el trabajo del médico especialista es duro en sí, pero hay especialidades que suponen una dureza y un sobreesfuerzo mayor y como consecuencia un deterioro físico y familiar aún mayor; son las que obligan a la realización de las guardias de presencia física.
Quizás una buena criba fuera valorar cuáles de ellas obligan a realizar las malditas guardias (24 horas, independientemente de festivos, cumpleaños, fiestas nacionales, domingos o fines de semana) y 24 h de ¿descanso? al finalizarlas para reintegrarte de nuevo a tu actividad laboral al siguiente día, lo cual obliga, calculadora en ristre, a valorar que la jornada laboral de un médico especialista que haga una media de 6 guardias al mes (descontando los meses de verano que se ven acrecentadas sustancialmente en su número) nos lleva a la friolera cifra de unas 96 horas semanales de trabajo (muy por encima de la recomendada y legislada para cualquier trabajador).
Pues bien, el futuro especialista ha de contar con esa tara que supone su trabajo y que pasará factura antes o después, no sólo a su salud, sino a la de los que lo rodean y quieren. Por otro lado la salida profesional y su desarrollo se ven implicados por la demanda de especialistas que se producirán en los años siguientes: contando con que el periodo de especialización tiene un máximo de hasta 5 años, según nuestro sistema sanitario, no podemos averiguar a ciencia cierta si la especialidad que hoy está más demandada lo será dentro de 5 años, por lo cual no debiera ser un parámetro fiable. Pero como quiera que la actividad profesional también puede desarrollarse no sólo perteneciendo al Sistema Público Sanitario, sino que por el contrario, también, y mientras no lo quiten será así pero tiempo al tiempo, pudiera realizarse el ejercicio privado de la misma, éste debiera de ser el principal punto de partida para su elección: especialidades médico-quirúrgicas son las que hoy en día tienen esa salida más factible, y de entrada, y a mi entender, deberían ser las primeras en las listas de opciones.
¿Qué hospital o servicio elegir?
Es la pregunta del millón. Supongamos que tenemos respuesta a las 3 primeras y ya hemos confeccionado nuestros posibles candidatos, ahora viene la parte más compleja: ¿Dónde realizarla? Podemos llevarnos de la mano de dos situaciones bien distintas: cercanía o interés.
Si es por cercanía lo tenemos más que claro, elegiremos la especialidad que quede libre en los hospitales de referencia de nuestra ciudad…
Pero si es por interés, la cuestión es particularmente más difícil: de entrada los grandes hospitales son los más atractivos: más residentes, más servicios, más procedimientos, más de todo. Pero juegan con un handicap importante: la mayoría de ellos se localizan en grandes ciudades donde el nivel de vida es demasiado alto para el paupérrimo bolsillo del médico residente.
Economía doméstica aparte queda el papel docente del servicio que va a recibirnos: para nuestra desgracia, la formación de la especialidad no tiene una regulación específica que se aplique al 100%, habrá hospitales donde el tutor velará por nuestra formación con ahínco, pero habrá otros en que simplemente seremos mano de obra barata que se utilizará para cubrir el expediente.
Lo mejor, a mi entender, es lo más barato: hablar con los residentes que se están formando en los servicios que tengamos en mente. Ellos aclararán nuestras dudas.