No trataré el tema de las leyendas indomables, ni el de las figuras legendarias.
Leyendas de nuevo cuño que se mantienen en el tiempo y que se propagan de boca a oído entre los profesionales que velan por nuestro resposo.
La leyenda de la mosca.
Moscas hay muchas y de todas las clases y colores pero dentro de ellas existe una subespecie que aunque para nada tiene que ver con la "cojonera" pone lo que hay que poner encima de la mesa y señala con especial exactitud cuál va a ser el próximo óbito que vamos a asistir.
Siquiera que nos situemos por un momento en una de las múltiples plantas hospitalarias de cualquier reducto sanitario de nuestro país (no hace falta irse al tercer mundo ni nada por el estilo) campan por sus respetos.
Y se preguntarán, cómo es posible, en un hospital, con lo que hay que extremar la precaución y evitar cualquier vehículo que pueda ser susceptible de transmitir enfermedades…
Pues sí, señores míos, existen.
Hay moscones de dos patas, pero esos no son los que nos interesan aunque en parte pueden tener la culpa de la aparición de la prima hermana.
Hay moscas cojoneras como referí antes, pero suelen ser inofensivas y basta con darles un manotazo para que se aparten, pero aunque no tardan en volver a aparecer de nuevo, siguen siendo igual de inofensivas y por supuesto prescindibles, pero quién no ha de preciarse de poseer una de ellas que revolotee a su alrededor (es un estigma infinitamente vomitivo, todo hay que decirlo, pero las criaturitas también tienen su derecho a decir que esta boca es mía, supongo)
Pero a la que me refiero es a la mosca centinela.
Para nuestro desgracia todo es finito, y llegado el momento que nadie desea la aparición del díptero volador pone punto de partida a la cuenta atrás del fin.
No se sabe de donde aparece, ni de donde viene, pero sí que tienen la especial peculiaridad de rodear con sus aleteos impíos la cabeza del moribundo, inundan la habitación del postrado con su asquerosa presencia y avisan a los sanitarios encargados de velarlo que algo nefasto va a ocurrir en breve.
La mosca andurrea y campa por sus respeto dentro del cubículo. Se posa en la almohada del prefinado y reposa, cuando nadie lo evita, sobre la frente del mismo.
¿De dónde viene y por qué?
No lo sabemos pero lo que sí que apreciamos es que suele acompañar a la de la guadaña en los momentos más oscuros.
Todo hay que decirlo, no a todos los moribundos se les acerca, pero su presencia, su sola y enigmática presencia vale su peso en oro.
Pero es un secreto y una leyenda, así que…tómenlo con discrección.
Y lo del alegrete de la muerte? Tiene algún fundamento?
Humm por si lo llamáis de otra forma, es el echo de que un paciente que esta bastante enfermo, y apagadillo, de repente un dÃa mejora (está más despierto, agitado etc) y luego a los pocos a lo mejor se muere.
Saludos.
Comentario por Jalopina — Junio 6, 2006 @ 8:26 pm
Pues no lo conocÃa por el término que empleas “alegrete” pero sà es una constatación de lo que vemos a menudo: la falsa mejorÃa.
Comentario por drsteiner — Junio 6, 2006 @ 8:53 pm
Cuenta la leyenda que un anciano Jefe de Servicio, hallándose moribundo en su lecho y viendo acercarse la hora de rendir cuentas al AltÃsimo, hizo llamar a su presencia a su sucesor “in pectore”, a aquel Jefe ClÃnico trepa y rastrero que durante treinta años habÃa agitado el inciensario al paso de su superior.
Compareció el Jefe ClÃnico ante el Jefe de Servicio agonizante. La habitación de cuatro camas estaba ocupada únicamente por el distinguido paciente. OlÃa a ciprés en la estancia. Tuvo que disimular la satisfacción que le producÃa el ver cómo el cabrón al que habÃa tenido que hacer la pelota durante tantos años estuviera ya en trance de muerte próxima.
Al verle aparecer, el hombrecillo de aspecto cerúleo que todavÃa llevaba la púrpura de la máxima jerarquÃa del servicio metió la mano, piel y huesos, debajo de la cama y extrajo una vieja carpeta de cartón azul cerrada con gomas y que no sin error su manufactura podrÃa datarse de la época de la autarquÃa franquista, antes de la apertura de los tecnócratas del Opus. Dicha carpeta destacaba -aparte de por su antigüedad- por la gran cantidad de legajos que contenÃa, y que aparecÃan ya amarilleándose por la acción del tiempo.
Se efectuó entonces el acto que consagró de facto el relevo en la Jefatura del Servicio. El viejo jefe, ante su inminente muerte, hizo entrega de aquel misterioso cartapacio al nuevo jefe como quien confÃa un gran tesoro para su custodia. Y le dijo:
- “Querido amigo: te hago entrega de lo más valioso del Servicio. En esto está tu poder. Úsalo con cautela. MÃmalo. No consientas que mengüe, y en la medida de lo posible trata de acrecentarlo. Es lo que he hecho yo durante tantos años, y fue lo que hizo mi prdecesor. Tal será como tendrás que actuar tú. Si permites que esto desaparezca, será tu fin, y el fin de tu servicio”
El cartapacio polvoriento cambió asà de manos, con lágrimas en la cara del viejo jefe que se desprendÃa de su tesoro y cara recia, con los ojos fijos en el horizonte del nuevo jefe, con el preciado material en la mano. Estaba imaginando todo lo que podrÃa hacer administrando sabiamente aquello que acababa de recibir.
HabÃa recibido la carpeta con los pacientes incluidos en lista de espera quirúrgica.
Comentario por drgandolfi — Junio 6, 2006 @ 11:11 pm
Bua Drsteiner, emi término es más bien el tÃpico de pueblo, jeje. JurarÃa que también lo oà llamar cuello de cisne o algo asÃ.
Comentario por Jalopina — Junio 7, 2006 @ 2:31 pm
yo he vivido lo de la mosca, pero no sabia que esto era algo mas o menos frecuente. Pero cuando la vi entrar y revolotear por la habitación pense “malo” y malo fue, tres horas pasaron. Cosas curiosas…
Comentario por chio — Junio 8, 2006 @ 4:53 pm
Pues sÃ, Chio. Son esas cosas “curiosas” que no tienen una explicación convincente salvo el hecho que, como bien refrendas, su presencia en la cabecera del paciente augura un final pronto y los malos augurios consecuentes.
Comentario por drsteiner — Junio 8, 2006 @ 5:22 pm