El blog del Dr.Steiner

Junio 8, 2006

El bestiario (y 3): el síndrome tóxico ataca de nuevo.

Archivado en: Uncategorized — drsteiner @ 5:20 pm

Nuevo día, nada nuevo bajo el sol.

¿Nada?

Sucumbiendo a la curiosidad que rebrota tras el despertar, nuestro "héroe" se dirige raudo a competir contra el tiempo en aquellas materias que, nobleza obliga, se ha autoimpuesto como una norma más a cumplir.

Cumpliendo pues con la "obligación" de atender a todo aquello que quedó pendiente del día anterior, y del anterior, y del antes del anterior, contempla absorto cómo la naturaleza humana es sabia y permite que, como hacedora de todo lo conocido, mantenga a toda una serie de subespecies con ojos que pululan por los entresijos de la red y que incluso respiran.

Son seres que incluso comen cuando tienen hambre, no matan porque tienen miedo, pero sí balan cuando el sumo acreedor de sus pensamientos les vomita la nueva consigna que han de repetir hasta la saciedad.

Estos épsilon que se ocultan tras las mentiras de su ignorancia tienden a germinar cuando uno menos se lo espera.

Otras teorías prácticas incluyen la posibilidad de una mitosis desgarbada como origen de los mismos e incluso una delección en el brazo corto del cromosoma p21.

Tomando como base que consiguieron sobrepasar la etapa más dura de la vida, la fase oro-anal, han quedado convidados a perpetuarse en la siguiente, y retozando en ella, campan por sus respetos sin temor a nada ni a nadie, ni siquiera a que sus estertores y eructos pasen desapercibidos.

"Veni, vidi et vinci" es el lema que tienen grabado en su paupérrimos halterios pero ni siquiera son capaces de entender qué significa, salvo que también aparece en los paquetes de Marlboro algo parecido.

No dan para más, y como consecuencia, buscan un momento de teatralidad en su insignificante existencia que les permita escalar un puesto más en la escala de la evolución pero sólo consiguen la hilaridad consecuente a su rebuzno.

En lo único que demuestran una competencia sin igual es en su maestría para ocultar sus testas, poco acostumbradas a nada más que a verse cara a cara con su periné, puesto que en las demás tareas encomendadas sólo consiguen mantener bien alto el pabellón de los que, señalándose con el dedo, obligan a cualquiera que tenga el dudoso placer de leer sus comentarios a considerar si realmente consiguirán superar el trauma infantil que su existencia les encomendó.

Pero tranquilos que para todo hay solución.

Simplemente cambien de pienso.

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