
A veces queda esa sensación cuando ves que tu esfuerzo, tu dedicación, tu tiempo y tus ganas se dan de bruces con la realidad más incontestable.
Y no es el caso particular que me afecta hoy y que me obliga a deslizar estas letras por este lugar un caso aislado, no.
 Al contrario.
Se repite y se repite.
Si de algo puede presumir nuestro sistema sanitario es la absoluta inviolabilidad del derecho del paciente a ser atendido en tiempo y forma que, ahà está la trampa, el sistema disponga. Pero indisolublemente unido a ese tiempo está esa forma que toma partido mediante el desquiciado portador de la bata blanca el cual no actúa solo sino acompañado de la pléyade ocasionada para la ocasión y sin la cual el resultado prometedor de su actuación se verÃa abocado al más indigno de los fracasos.
Este sistema sanitario que me ha obligado en los últimos dÃas a atender a pacientes, que por mor del destino, serÃan repudiados públicamente y sin miramientos en cualquier otro sistema sanitario mundial, es el que ha condenado hoy a un paciente que por el mismo destino ha cumplido escrupulosamente con la biologÃa, con su vida y con su trabajo a mantener el mismo que hoy le ha repudiado.
Curiosidades.
Dicho paciente tuvo la gran desgracia que estando en la mejor época de su vida (seguro que cualquier época pasada o venidera serÃa mejor que la actual), hombre de edad mediana, con un nivel sociocultural alto, directivo de una gran empresa de raigambre nacional y establecido en la Comunidad donde ejerzo mis funciones, tuvo el pecado de enfermar.
Esa enfermedad se manifestó como el más silente de los sicarios. Esa sangre esa mañana cuando se encontraba en su rutina habitual le puso en alarma y consultó.
Vini, vidi et vinci.
Diagnosticado de un carcinoma de colon el paciente fue remitido por mà a mi consulta hospitalaria para realizar el conveniente estadiaje de la enfermedad, explicar con detalle el proceso, aplicar los conocimientos a sus dudas, infundirle el ánimo suficiente y prometerle una rápida actuación en tanto en cuanto el dilatado proceso de angustia prequirúrgica fuera goteando en los dÃas siguientes.
20 dÃas atrás lo conocÃ. Me preocupé de buscarle las citas más precoces. Le ofrecà asistencia mientras duraba el proceso de tortura hasta el momento de la cirugÃa progamada, le aporté el suficiente confort para no sentirse tan solo en el momento de nombrar al diablo. Le referà mis conocimientos, mi experiencia, la de mi gente, los resultados, las esperanzas, el devenir de la enfermedad, en resumen: actué como creo que hay que hacerlo.
Hoy es el dÃa.
Por motivos ajenos a mi persona el horario de la actividad del área quirúrgica se vio mermado en el dÃa de hoy por reuniones del personal de EnfermerÃa, motivo por el cual los quirófanos empezarÃan algo más tarde.
De hecho a las 9 y media de la mañana la reunión llegó a su fin y todo el personal estaba dispuesto en sus puestos de trabajo, chequeando el respirador, preparando la premedicación anestésica, subiendo el instrumental del área de Esterilización, separando las suturas a utilizar, enchufando las virguerÃas que la técnica nos brinda para someter al paciente al descuartizamiento reglado.
Todo preparado, pero ¿y el paciente?
Simplemente no estaba.
No lo llevaron.
Siguiendo con la senda de la motivación externa, alguien tuvo a bien llevar a todos los pacientes más de 30 minutos después de la hora prevista. Consecuencia práctica: la intervención de nuestro amigo se suspende por falta de tiempo.
Y alguien pensará, y ¿por qué?
Yo más bien dirÃa y ¿por quién?
 Funcionarios a sueldo, el suceso acontece totalmente exento de la mÃnima humanidad que hay que aportar a determinadas situaciones: “yo termino a las 3 de la tarde”.
Y ésa es la respuesta.
¿Responsables?
Si les contara que hay más cargos intermedios que trabajadores, me quedarÃa corto.
Ninguno se responsabilizó de la llegada a deshora del primer paciente.
Nadie.
Resultado: paciente no intervenido. PatologÃa maligna que se considera prioritaria. Quirófanos no disponibles en toda la semana pero nadie da la cara.
Menos el que suscribe.
¿Sanidad Pública?
SÃ.
¿Chupatintas y cargos de confianza?
Asco dais.
En edición de bolsillo están disponibles los siguientes argumentos:
Tendrias que verte de paciente. Es algo impresionante. Desde dentro se ve como celadores, paseantes y enfermeras hacen lo que quieren abusan de la gente y mas cosas qu te cooontare y no escribire, aunque tengo pruebas de sobra.
Denuncia, coño dilo y muevelo, que espabile el tema: mandan mas los camilleros que medicos
comentario por Ignacio — Octubre 9, 2006 @ 9:44 pm
La cuestión ha quedado zanjada en el dÃa de hoy.
Tras múltiples peripecias se ha conseguido intervenir con ruegos de por medio, favores por detrás y más esfuerzo del estrictamente necesario.
¿Denunciarlo?
Bastante tengo con morderme la lengua.
Eso sÃ, firmo y rubrico allá donde vaya.
comentario por Dr. Steiner — Octubre 10, 2006 @ 4:19 pm
Tengo muchos amigos médicos que comparten tu inquietud.
Es una auténtica vergüenza y están llevando el sistema al borde del colapso con cosas como las que denuncias, mas ‘ayudas’ externas como el efecto llamada de Mr. Tipex Caldera.
comentario por El Cerrajero — Octubre 10, 2006 @ 5:27 pm
El sistema está podrido.
El personal está hastiado.
Los pacientes cabreados.
Mal futuro.
comentario por drsteiner — Octubre 10, 2006 @ 5:48 pm
En mi tierra tenemos un dicho…”orden dada y no supervisada, se la lleva la chingada…”
Pecaria de ingenuo si confiara en que todo el pesonal del hospital va a hacer su trabajo con eficiencia y en beneficio del paciente…
Asi que yo comienzo a arrear a los camilleros y a gritonearle al personal de enfermeria 30 minutos antes de la cirugia para que bajen al paciente a tiempo….para salir a las 3 de la tarde sin parecer inhumano.
salu2
comentario por malbicho — Octubre 12, 2006 @ 1:51 am
@Malbicho:
Gracias por su participación, doc.
Sugerente sitio el suyo.
Tengo que visitarlo con detenimiento.
comentario por drsteiner — Octubre 12, 2006 @ 9:54 am
Gracias por sentir en tu alma nuestro sufrimiento.
comentario por marÃa — Junio 29, 2007 @ 7:31 pm